ARTÍCULO DE LA PASCUA 2005
    Este año he tenido la oportunidad de vivir mi primera Pascua. Sin duda, ha sido una de mis mejores experiencias en el encuentro con Cristo. Allí he tenido la posibilidad de conocer mucha gente de distintos lugares pero con algo en común: DIOS. Hemos podido compartir cada uno su experiencia con el otro. No dejé de asombrarme, pues, cuanto más compartía y observaba, con mayor intensidad lo vivía todo. Pero, sobre todo, he tenido la posibilidad de encontrarme a mi misma, de conocer más a Dios.

    Fui a la Pascua con la “Fe” por los suelos, ya hacia tiempo que no dedicaba ni un mísero segundo a dirigirme al Padre, y si lo hacia, era para reprocharle, culparle de todo cuanto me sucedía ¡ mi fe me estaba fallando!

    En la Pascua escuché a Dios, una vez más, como otras muchas veces, que llamaba a mi puerta, pero me daba miedo abrirle y dejarle pasar, prefería, como la mayoría de las ocasiones, coger el camino fácil, no escucharle e ignorar que llamaba, podían más mis pocas ganas de seguir luchando.

    “¡Tú sabes Señor que te necesito pero a veces soy demasiado orgullosa para admitirlo! Aún así no tuve que ir a buscarte, Tú, Señor, viniste a mi encuentro, sin pedirme cuentas, así que me dejé encontrar y me dijiste: “Ve y prepara la cena de Pascua”, esto me llegó al corazón, desde ese momento “comprendí que no era yo quien te elegí, eras Tú quien me habías elegido a mí…”

    También me he dado cuenta que no estoy sola como muchas veces pienso, nuevamente me equivoco; me lo has hecho saber en esta gran experiencia que he vivido personalmente contigo Señor.

    Entre otras cosas me invitaste a cruzar el desierto, pero un desierto sin tristezas, sin miedos, “El desierto de la Esperanza”, me diste la fuerza para convertirme en un peregrino que se echa a andar, con el único fin de encontrarte sin importarle las piedras u obstáculos del camino, porque tiene la certeza de que al final de el estarás Tú, Señor, y por muy difícil que parezca el poder seguir y llegar al final, no se rinde.

    “Señor, en esta Pascua moriste, pero no me entristecí, lo hacía contigo, morían mis miedos, mis tristezas, mi desesperanza…, era tal la alegría que sentía interiormente que no tenía motivos por los que llorar ya que luego Tú y yo resucitaríamos juntos”.

    Parecerá increíble, pero nunca me había detenido a vivir algo tan grande como tu muerte y resurrección, esta vez he tenido la gran suerte de hacerlo y ahora soy capaz de verte día a día en cada mirada, cada sonrisa, en los que también sufren, en cada una de las personas que me rodean…¡me ha servido para tantas cosas! Ahora me doy cuenta de cuanto me queda por aprender, por crecer en la fe, en el espíritu, como persona, persona sincera, sencilla e incondicional para los demás…

PASCUA 2005 

PASCUA 2005

PASCUA 2005

PASCUA 2005

PASCUA 2005

    Solo espero que todas las personas que habéis vivido la Pascua os hayáis marchado con la misma satisfacción, alegría y gozo que yo y sobre todo, convencidos de que esto no acabó allí, en la Línea. Tenemos que morir y resucitar cada día con Cristo, morir a nosotros para vivir y dar esa vida a los demás, cumpliendo con nuestras obligaciones, superando nuestros problemas y siguiendo hacia delante, siendo más fuerte que todo lo que nos entorpece el seguir su camino, el camino hacia el Padre.

     “Señor, te doy gracias por esta experiencia de la Pascua, por la pascua que vivo cada día, porque ahora soy capaz de verme y reconocerme en todo lo que soy, con mis defectos y mis virtudes, y así me presento ante ti, para que sea lo que Tú quieras, porque quiero que sigas llevando el timón de mi barco, que sea tu luz la que ilumina mi vida, esta que Tú día a día vas transformando. Que así sea. “Gracias”

ESPE

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