A pesar de que he intentado documentarme, no he podido atribuirle a nadie la frase que dice “solo se ama lo que se conoce”. Es una frase que ronda mi cabeza desde la finalización de la última asamblea que celebramos en el Programa de mayoría de edad.
Precisamente por el significado que se desprende de esta frase, hace unas semanas nos planteamos organizar una asamblea de grupo en el “Programa de Mayoría de Edad”, para tratar con los jóvenes los valores en los cuales está inspirado el mismo. Valores que intentamos transmitir a todos los chicos con los que trabajamos día a día, mediante las actividades rutinarias del programa. Para proyectar y desarrollar la sesión, hemos contado con la colaboración, participación y ayuda de una de las Hermana del Proyecto.
Se trataba fundamentalmente de hacerles conocer más a fondo a esas personas con las que nos relacionamos, compartimos, cruzamos y hablamos a diario, es decir, de conocer un poco más la vida de las Hijas de la Caridad, sus valores, de acercarnos a ver el mundo del color que ellas lo ven, y que mejor manera de hacerlo que invitar a una de ellas, a casa para que nos lo explique y se lo haga llegar a los chicos. Así que después de coordinarnos y trabajar en Equipo lo que se iba a exponer, intentando relacionar estos valores con sus vidas, el porqué de muchas decisiones tomadas y el trabajo que se hace con ellos desde el programa. Llegó el día de celebrar y compartir impresiones con todos ellos.
Con sorpresa y alegría por parte de los seis chicos que nos acompañaron, con ilusión por parte de Sor Margarita y con curiosidad por mi parte, sentados en círculo comenzamos la asamblea con una canción de Luis Guitarra, escuchando su letra e interiorizándola, comentándola, explicándola, subrayando las palabras que nos gustaban y compartiéndolas con el grupo, los valores e ideas de una canción que habla de Dios. Todos estábamos con la cabeza puesta en la asamblea y nos sorprendió como se interesaron los chicos desde el primer momento por el tema propuesto y con que naturalidad cada uno, musulmán o cristiano veíamos en esa canción a Dios.
La participación e implicación de todos siguió hasta el final, siendo digna de resaltar, y el siguiente punto que trabajamos fue el de ponerle nombre a esa vela que guía las acciones de las Hijas de la Caridad, es decir, vimos los valores que rigen sus vidas. Especialmente nos centramos en dos, en la dignidad de la vida humana y en la gratuidad del Servicio que prestan a los que las necesitan. El primero de ellos llevado a cabo cada vez que a una persona se le trata como tal, en toda su inmensidad y el segundo al devolver sin pedir nada a cambio, lo que sin dar nada a cambio se recibió.
A partir de ahí, solamente quedaban dos consejos. Uno es que te lances, que cumplas tus sueños y seas valiente, que seas coherente con tu vida y tus ideas como ellas lo hicieron para dar su vida a Dios, no se puede ser libre si no se vencen los miedos y se es coherente con lo que piensas, te responsabilizas de tus actos y afrontas tu vida con ilusión y afán de superación. El otro es, un ejercicio de motivación donde te dice que lo intentes una y otra y otra vez de diferentes maneras hasta que consigas lo que quieres.
Después de poner en común las opiniones de todos, compartir experiencias, ejemplificar los valores y mensaje transmitido, a todos y por todos, con situaciones reales de la vida cotidiana, dimos por finalizada la sesión. Para terminar el encuentro, compartimos la cena que había sido preparada por los chicos y disfrutamos los unos de la compañía de los otros, pasando un rato muy agradable y ameno.