
El personal militar y civil del Hospital Naval de San Carlos dice adiós a las Hijas de la Caridad presentes en el centro desde hace 138 años e inauguran una escultura y una plaza en su recuerdo.
Después de casi dos siglos trabajando en el Hospital General de Defensa -más conocido como San Carlos, muchas personas, la mayoría empleados sanitarios, fueron los que quisieron compartir este día tan importante con ellas. La despedida a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, las queridas Hermanas del hospital de San Carlos, estuvo repleta de momentos emotivos. Fue una ceremonia a medio camino entre lo militar y lo civil, digna de una misión de la importancia y el calado que ha tenido su desempeñada misión en la ciudad de San Fernando. Fue fundamentalmente un acto en el que se puso de relieve la entrega y sencillez de este grupo de Hermanas y se les dio las gracias por ello.
La ceremonia castrense, presidida por el nuevo almirante de la flota Juan Carlos Muñoz-Delgado
Díaz de Río, dio inicio con la correspondiente revista a las fuerzas en formación desde más de media hora antes del mediodía, hora fijada para el inicio del acto.
El acceso al hospital de San Carlos lucía engalanado como en las grandes ocasiones, con banderas españolas e insignias colgadas de la fachada. Numeroso público, entre él las propias Hermanas y autoridades civiles, al frente del alcalde, Manuel María de Bernardo, se había concentrado en la entrada principal para aguardar la llegada del Almirante de la Flota.
Uno de los primeros en intervenir fue el doctor Juan Manuel García-Cubillana, quien glosó el devenir de las hermanas durante 138 años al servicio de este centro hospitalario. Como recordó, la precursora de las Hermanas, fue santa Luisa de Marillac, artífice del desembarco de esta comunidad en el mundo y en España en el año 1790. Pero no fue hasta 1870 cuando llegaron al hospital de La Isla creando un nuevo modelo de trabajo que se exportó rápidamente a otros centros de la provincia y del resto del país. 
De la veintena que formaban parte de la orden en sus buenos tiempos, allá por la década de los 80 y 90, ahora sólo quedan ocho: Catalina Jiménez, Luisa Pérez, Joaquina Bustos, Rosario Payán, Gracia Rubio, María del Carmen Virués, María Luisa Berrocal y María Luisa Molina. Todas ellas, sentadas junto a la fila de sillas de las autoridades, vivieron la ceremonia entre lágrimas y gestos de agradecimiento por las innumerables muestras de afecto que recibieron a lo largo de una de las jornadas, no cabe duda, más emotivas de sus vidas.
El recuerdo de las fallecidas en la ciudad durante este extenso período de tiempo al cuidado de los enfermos tampoco faltó en el discurso de García-Cubillana, amigo personal de las Hermanas ya que durante años ha trabajado codo con codo junto a ellas.
Otro veterano compañero de las Hermanas, el actual Director del hospital, José Manuel Velasco, tampoco dejó de alabar la dedicación, el esfuerzo y la entrega demostradas por esta congregación "en los 35 años que llevo a vuestro lado", según sus propias palabras. "Salís de este hospital", dijo, "pero entráis en la Historia y en nuestros corazones".
No menos entrañable fue la alocución del almirante de la Flota, quien comenzó su intervención manifestando que "pocas veces la palabra servicio ha significado tanto como en este caso". Aseguró también que el hospital de San Carlos estará unido inevitablemente a las Hermanas de San Vicente de Paúl, a pesar de su marcha. "No hace falta llevar uniforme para saber que cualquier asistencia sanitaria prestada aquí incluía el consuelo de estas hermanas".
Además de las hermosas -y merecidas- palabras, las hermanas de San Vicente de Paúl también recibieron varios obsequios a lo largo de este homenaje. El primero de ellos, recogido por la hermana superiora en nombre de toda la comunidad, fue la cruz del mérito militar con distintivo blanco por su encomiable labor de atención y cuidado de los enfermos en el hospital isleño. De manos del alcalde recibieron también un alfiler con una “cañaílla” que, según De Bernardo, tiene una connotación muy especial: "Queremos que cuando lo miréis recordéis que los cañaíllas estarán siempre con vosotras".
Pero, sin duda, el reconocimiento más especial fue que se impusiera a la plaza de acceso al hospital el nombre de Hijas de la Caridad, cuya placa se descubrió instantes después del acto castrense. Por último, se inauguró una escultura, obra de Antonio Alías de la Torre, en recuerdo a las hermanas en el vestíbulo de entrada al hospital, la que descubrió la Visitadora Provincial Sor Mª Pilar Rendón, dando las gracias con las siguientes palabras:
“En un ambiente tan entrañable y profundamente Naval este solemne y expresivo reconocimiento nos llena de confusión ya que contrasta tremendamente con nuestro estilo y principios vicencianos, uno de ellos es conservar el desinterés del corazón y sentido de gratuidad en todo nuestro ser y hacer. Además estamos convencidas como dice el evangelio que: “somos siervos inútiles hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Por todo creo un deber de justicia hacerme portavoz de las Hermanas que han ido pasando por este querido Hospital Naval de San Carlos, varias presentes, al exclamar una sincera acción de gracias:
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Gracias al Señor el Gran Capitán o Piloto que hizo posible que el Buque varado de nuestra Compañía iniciará su navegación hace 138 años desde este Puerto del Atlántico llamado Hospital Naval de San Carlos.
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Gracias a toda nuestra noble y querida Armada española que en sus mandos, y a través de todos los Jefes, Directores y equipo sanitario, del Hospital, nos ofreció una auténtica dotación para que iniciáramos nuestra singladura, alentándonos siempre a luchar “contra viento y marea” y ayudándonos sin cesar a mantener la mirada fija en nuestro privilegiado horizonte del Servicio a toda clase de enfermos sin intermitencias tanto en los días de sol como en aquellos que pudieran amanecer nublados. Tanto en la calma como en la tempestad como reza vuestra oración Marinera.
Por el tiempo en que hemos compartido con Vds. nuestra navegación sabrán comprender cómo nuestra Vocación de Hija de la Caridad tiene bastante sintonía con la vocación marinera , lejos de ser estática y anclarse en un punto determinado tiene una dimensión de itinerancia. El Marino al optar por esta noble profesión es consciente de que su Misión no se va a desarrollar en un Puerto concreto, siempre ha de mantenerse disponible y ágil, dispuesto a “desplegar velas para responder” a las necesidades y demandas navales utilizando las armas que la profesión pone a su disposición… Nosotras las Hijas de la Caridad, también, en coherencia con nuestro espíritu, hemos de Bogar “mar adentro” con los remos de la obediencia y de la disponibilidad. Por ello hoy seguimos nuestra Orden de ejercicios dirigiéndonos a otros Puertos dónde nos esperan nuevos destinatarios, los Pobres, los excluidos, los más desfavorecidos que nos urgen demandado nuestra entrega y dedicación.
Hoy, como es natural, se apoderan de nosotras varios sentimientos; al igual que el Marino al cambiar su rumbo y emprender con ilusión una nueva navegación siente
nostalgia, de dejar a los suyos en la orilla contemplando su alejamiento, también nosotras no obstante marchar con la paz y serenidad de culminar una misión sabiendo que en otro Puerto de la Provincia son muchos otros los que nos esperan, sentimos la nostalgia de dejar algo que es muy nuestro, algo que ha formado parte de nuestra noble Vocación y que siempre ocupará un espacio en nuestras mentes y corazones. Partimos con la certeza y confianza de que nuestro buque es conducido al Puerto seguro y de comunicaciones sin límites, el del AMOR. Allí nos seguiremos encontrando. Gracias por todo. ¡Bravo zulú!.
Que la Estrella de los mares, la Virgen del Carmen continúe alentando y animando nuestra navegación”.
Despedida de la Cdad. del Hospital de Marina San Carlos
San Fernando 30 de Septiembre de 2008