Cien años de presencia de las Hijas de la Caridad en la
Cocina - Escuela Ntra. Sra. del Rosario de Sevilla -sor Agustina Molina- (2004)
 
Ntra. Sra. del Rosario de Sevilla
    La presentación que deseo hacer de mí misma es la siguiente: Mi vida de Hija de la Caridad se inició en esta Comunidad; en ella descubrí al Pobre y en ella aprendí y empecé a servirle. Aún viven, gracias a Dios, mis maestras - son columnas de esta Institución que es la Comunidad de la "Cocina y Escuelas N. S. del Rosario", hasta anteayer, ya que recientemente se han constituido dos Comunidades...
  
    Llegué a tiempo de conocer muy santas Hermanas, muchas. Soy testigo presencial de los frutos del Servicio y Sacrificios que las primeras y segundas HH. C. llegadas a esta Cdad. realizaron y sembraron... Vi y penetró muy profundo en mi ser de H.C. el entierro de Sor Cándida Prego, -habréis oído alguna vez este nombre-, llegó a esta Comunidad al año siguiente de su inauguración, 1905, y permaneció en ella hasta su muerte, en 1969. ¡sesenta y cuatro años sirviendo a Pobres, muy Pobres...! ¡Una Santa de carne y hueso, Santa en el trabajo diario!, como muchas HH. C. que entregaron y gastaron toda su vida, en el más amplio sentido de la palabra, en una jornada ininterrumpida de mañana, tarde y noche; las 24 horas dedicadas a la atención, cuidado y servicio de los verdaderamente Pobres, como dirá Santa Luisa...
  
    Os digo, en un momento, alguna frase pronunciada por muchos de los pobres que pasaron, "sin cortar la procesión", llorando junto al féretro de Sor Cándida, durante el tiempo que estuvo expuesto en un enorme salón. Le besaban las manos y decían las tenía aún calientes, y a continuación exclamaban: "¿Cómo no? si en su vida no han hecho otra cosa que quitar mucha hambre y darlo todo. Estas manos no descansaron haciendo el bien"... Un mendigo no quería retirarse de su lado y llorando sin cesar, decía: "¡Cuantas veces yo la dejé sin comer!". No entendíamos y al preguntarle nos explicó que él siempre llegaba tarde, cuando ya no había nada, y ella que iba entonces a empezar a comer, le daba su plato de comida... Así, con frases semejantes, cientos y cientos de hombres y mujeres. Más de una de estas decían que sus hijos le debían la vida a esta Hermana, porque "gracias a ella pudieron criarlos y sacarlos adelante"... Sería interminable si pretendiésemos continuar.
Ntra. Sra. del Rosario de Sevilla

  
    Disculpad este comienzo aparentemente triste pero que llena de gloria esta Casa. Lo anterior era una vivencia personal, en adelante me apoyaré en algunos documentos y en infinidad de detalles que me han trasmitido las Hermanas que hoy son mayores en edad, aunque de espíritu muy jóvenes, y que hace cuarenta años, cuando llegué a esta Casa, estaban repartidas por todos los Servicios, que eran múltiples, rebosando energías y volcándolas con una generosidad sin límites en todos ellos. No exagero, así eran todas las Hermanas...

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Texto íntegro de la Charla de sor Agustina Molina (336Kb)
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