Un año más y después de que se nos pase la Navidad tan rápidamente como todos los años, nos colamos sin darnos cuenta en la tarde del mágico 5 de enero.
Como siempre, quedamos nuestro grupo de amigos para terminar de ultimar esas comprillas que hacemos en estos días y ver la Cabalgata de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente y poder compartir toda la ilusión de los más pequeños de nuestra ciudad.
Al fin y al cabo estas fechas se convierten en tradiciones y costumbres que se van realizando año tras año y, como no iba a ser menos, nos dirigimos a realizar una que llevamos ya varios años llevando a cabo jóvenes de San Martín: la visita al Asilo “Dulce Nombre de María” (conocida en nuestro Cádiz como Candelaria, 15) para compartir un rato indescriptible con las Señoras que viven allí.
En principio es algo tan normal como coger nuestros trajes de RR.MM., colocárnoslos, maquillar al que le toque, retoque de barbas, pelucas, capas y nos dirigimos al salón desde el cual se escuchaban villancicos, risas, palmas y demás muestras de alegría. ¿Por qué?-se preguntarán ustedes-, pues porque se reúne un grupo de Señoras de esta Casa que con su alegría, ilusión y amor, hace que la suma de edades baje tanto hasta llegar a compararse con la de los niños y niñas que hace un rato disfrutaban de la presencia de los Reyes por la calles gaditanas.
Los Reyes se dirigen a ellas con las pertinentes preguntas que ellos suelen realizar: ¿cómo os habéis portado este año?, ¿bien, no?, evidentemente SÍ rotundo, pues como os habéis portado tan bien os vamos a sorprender con un regalito para todas vosotras (el salón vuelve a vibrar con más palmadas).
Pero… antes de hacer entrega…. os tenemos que comunicar que este año estamos en crisis, vamos a ver, repitan todas conmigo: crisis, no vaya ser que alguna nos se haya enterado. Nosotros sí, a ver si alguna acierta qué ve en nosotros distinto a otros años, aparte de venir más guapos, muy bien vestidos, un poquito más altos… doy pistas: me toco la cabeza… ahhhh me falta la corona, ¡anda! No la traemos ninguno de los tres. Claro, todo tiene su explicación, la hemos tenido que empeñar para poder comprar vuestros obsequios.
Vamos a empezar a nombraros una a una, evidentemente como Reyes que somos sabemos los nombres de todas vosotras, que para eso somos… MAGOS. Van saliendo una a una, ilusionadas y ponen en el gesto todas las ganas y esfuerzos que pueden. Algunas, y doy fe porque lo he vivido con ellas son capaces de correr a recoger su regalo y eso que cuentan con edades mayores de los 80 años e incluso en algunos casos los 90, pero eso cuando los RR.MM. están presentes da todo igual, por sus Majestades se olvida todo.
Las muestras de agradecimiento y felicidad se suceden una a una y las compartimos Reyes, amigos, Hermanas de la Comunidad, personal del Centro y, por supuesto, todas y cada una de las Señoras que allí viven. Todo se llena de besos, abrazos y agradecimientos que aunque la edad no lo permite mucho son los más fuertes que un grupo de RR.MM. puedan recibir.
Toca la despedida que es tarde y sus Majestades se tienen que retirar que queda una noche muy larga por delante y mucho trabajo, pero nos vamos con el corazón lleno de imágenes de ilusión y alegría, y también sorprendidos porque nuestra generosidad al empeñar las coronas se ha visto recompensada por un pequeño detalle que una Señora, en representación de todas, nos entrega a nosotros y a nuestros pajes, como señal de agradecimiento por esta vivencia tan sencilla y cercana que a tod@s nos ha trasladado a los sueños como si volviéramos a ser niñ@s.
Prometemos volver “cargaditos” el próximo Año.
Gracias por todo, y en especialmente a esta Comunidad que nos brinda la oportunidad de poder vivir estos inolvidables e irrepetibles momentos de gozo, entusiasmo e ilusión.
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