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Hace ya mucho tiempo, ya sabéis, allá por
el año 1630, gracias a la ayuda y ejemplo que conocí en
San Vicente de Paúl, comenzó a brotar una inquietud
en mi corazón. Comenzaba a nacer mi vocación, volcarme
y entregarme a los más pobres; marginados, vagabundos, enfermos,
niños sin hogar ni escuela... Contagié estas preocupaciones e inquietudes a otras muchas
mujeres de mi época, muchas tan jóvenes como vosotras.
Las formé para que fueran siempre consuelo y amor para los
más desfavorecidos y buenas educadoras. Con el tiempo todo
fue creciendo y así se fue formando la Compañía
de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que hoy
se encargan de vuestra educación procurando que lleguéis
a ser personas verdaderamente libres, sin ataduras, llenas de la
gracia de Cristo.
Celebrad hoy lo afortunadas que sois de estar en éste,
vuestro colegio. Espero que mi visita haya sido para vosotras una
grata sorpresa y un estímulo para crecer más en los
valores que tanto amamos San Vicente y yo. Ponerlos en práctica
a vuestro alrededor y sed luz de verdadera libertad y alegría
para muchos jóvenes que hoy se sienten perdidos.
Que sepáis aprovechar este tiempo que el Señor os
ha regalado, para formaros en los valores evangélicos que
son los que os van a dar la felicidad y ... a ver si alguna de
vosotras sigue el camino que San Vicente y yo trazamos para nuestras
Hijas de la Caridad ¿no os parecería hermoso entregar
a vida a Cristo en el servicio de los demás?
Bueno, mis queridas niñas, os tengo que dejar, aunque luego
os visitaré en las clases para ver vuestras actividades"
Nos hizo mucha ilusión recibir esta visita que jamás
hubiésemos esperado y pasamos un feliz día de Santa
Luisa de Marillac
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