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Nos impulsó a seguir la primera llamada día
a día, a superar las dificultades con fe y esperanza, a servir
a los pobres y a vivir con alegría el don de la Comunidad
que es la cátedra del sufrimiento cristiano, pero también
de gozo y donde se hace efectivo el amor por medio de la comprensión,
la tolerancia y el perdón y así vamos madurando y creciendo
en nuestro afianzamiento en el Señor. |
| El P. Rivas, con su palabra cálida y reposada
fue depositando gota a gota el mensaje que define el Cursillo: "Vivir
nuestro don total en esta etapa de nuestra vida, para llenarnos de
esperanza en estos años que preceden a lo que será nuestra
donación perfecta y eterna".
Fijó su reflexión sobre lo que él llamaba
el horizonte último de la madurez religiosa. Nos decía: "Después
de muchas luchas, dificultades y purificaciones, Dios llena nuestra
vida de plenitud porque El es el verdadero protagonista de nuestro
SER".
La acumulación de años, no es cumplir años;
significa llenar esos años. Nos remitió a Sb. 4,7,
y al Sal. 36: "Dame a conocer mi fin y la medida de mis años".
Nos citó la carta de Juan Pablo II sobre el envejecimiento
y nos estimuló a llenar los tiempos con el ocio, la piedad,
el trabajo y la Comunidad, ya que todo esto, realizado con amor,
contribuye a crear y reforzar la autoestima, que puede decaer con
los años. Y con los años, la persona se vuelve más
sensible, se tiene más dificultad para la resignación,
vienen las crisis de egoísmo, etc.
Por eso debemos vivir cada momento con intensidad y pensar en
lo positivo de nuestra vida.
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| En la segunda parte nos hizo unas reflexiones sobre
el envejecimiento y sus efectos en nuestros Santos Fundadores: sufriendo
la separación, carteándose y dándose consejos
médicos a través de ellos:
Cartas de Santa Luisa, 14 noviembre 1655
Tomo X de San Vicente, pág.90
Conferencias de San Vicente, nº 45. |
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| Se puede constatar que San Vicente al final de su vida,
perdía la memoria y se veía obligado a escribir sus
notas, a hacer su esquemas y a tomar apuntes. ¡En eso imitamos
muy bien a nuestros Fundador! Era un comentario... Es que la edad
no perdona...
La Eucaristía amenizada como nunca con nuestras voces todavía
claras y "potentes", nos hizo recordar aquella en la
que pronunciamos nuestra consagración. En el ofertorio presentamos
voluntariamente una Bienaventuranza que personalmente habíamos
elaborado. Era como si cada Hermana mayor nos alabase por las ayudas
y la acogida que recibe de una determinada compañera; por
ejemplo: "Bienaventurada tú, que escuchas mis incesantes
repeticiones con paciencia", etc. etc. Al final se nos entregó una
recopilación de todas las Bienaventuranzas. |
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El broche de oro de este encuentro fue la visita al
Berçeau de San Vicente, el domingo por la tarde. Un acto importante
de la misma fue la renovación de las promesas del Bautismo,
junto a la pila en que fue bautizado San Vicente. Visitamos también
el resto de los lugares, donde nació y vivió. Disfrutamos
de un día apacible que el Señor nos concedió y
nos llenó de satisfacción. La gran alegría que
nos inundaba, nos hizo exclamar: "¡Qué bien. Todavía
somos útiles!.
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| Terminamos dando las gracias a Sor Visitadora y a Sor
Virginia, al Padre Rivas por su obsequio (una cruz que no pesa...)
y a las Hermanas de la Casa Provincial por sus atenciones.
Nuestro recuerdo fue también para las ausentes a las que
les fue imposible acudir, sobre todo, para las enfermas.
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¡El Señor ha estado grande con
nosotras y estamos alegres! |
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