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CAMPO DE SERVICIO. AGOSTO 2009. TESTIMONIOS

CAMPO DE SERVICIO 09

Durante el mes de agosto realizamos en Zaragoza el CAMPO DE SERVICIO VICENCIANO, organizado por el Equipo de Pastoral Vocacional Interprovincial de Misioneros Paúles e Hijas de la Caridad. Las aportaciones de casi todos los participantes no se hicieron esperar y recogiendo sus propias palabras con párrafos entresacados de unos y otra, vamos a “componer”:

EXPERIENCIAS

CAMPO DE SERVICIO

“Todo comienza en Zaragoza, con un encuentro de 18 jóvenes de distintos puntos de España (Barcelona, Bilbao, Salamanca, Madrid, Valencia, Sevilla y Cartagena). Cada uno venia con sus ideas, experiencias, ilusiones e incluso miedos a lo que se podía encontrar… pero desde el primer momento se creo un buen clima entre nosotros.

Este campo vicenciano, se trataba, por las mañanas, de hacer un servicio, en los que nos repartíamos, con ancianos, con niños, con transeúntes, y también un fin de semana con discapacitados… Estábamos allí por una sencilla razón, porque queríamos acercarnos y compartir con esos hermanos heridos un trozo de nuestro camino, no para hacer grandes cosas, simplemente es una cuestión de palpar, de amar, de ser para ellos.

Por las tardes teníamos un rato de reflexión, en el que nos ayudaba a encontrarnos a nosotros mismo y con el otro, compartiendo nuestras experiencias, pensamientos y sentimientos, en las que pienso que ha sido gratificante para todo el grupo.

Y por las noches, la oración, dando gracias al señor, por todo lo que nos había regalado en el transcurso del día, y descubriendo que sólo el Amor puede transformar nuestro interior, y a ponernos en el lugar del hermano, y a hacerlo desde la perspectiva de su mirada.

Personalmente este encuentro ha sido muy positivo y enriquecedor, pues nos hemos encontrado jóvenes con las mismas inquietudes de compartir y vivir en la fe, sirviendo al pobre.

Doy gracias al señor por haberme dado esta oportunidad, a vosotros por compartir estos días, como también a los que han organizado este encuentro y a las comunidades de los distintos servicios, que con su ejemplo nos acerca a ver la realidad y a conocer la compañía de las Hijas de la Caridad,

¡Gracias, señor, por la vida que nos regalas y gracias por invitarnos a vivirla como tu: desde el servicio y la entrega!”

Mª Teresa (Cartagena)

Sólo puedo decir que gracias a todos, por enseñarme tanto, porque en tan poco tiempo creo que nos hicimos un buen grupo en el que creo nadie ha quedado indiferente después de esta experiencia tan gratificante. Ya sólo espero que todo lo que he aprendido allí y he visto, lo ponga en práctica en “mi Galilea”, intentando siempre servir a todos aquellos que me rodean, empezando por supuesto con mi familia.”

Natalia (Valencia)

”El campo de servicio en Zaragoza ha sido una experiencia que difícilmente olvidaré porque me he encontrado con un realidad que, aunque conocía, he tocado tan de cerca que ahora me parece completamente distinta a como la veía antes. La gente que me ha acompañado en este campo de servicio, si la hubiera elegido yo, no habría sido tan divertida ni tan enriquecedora como ha sido y para mayor sorpresa a la vuelta esta experiencia ha cambiado en el día a día aspectos de mi vida y ha abierto un poco más mi mente hacia las necesidades de la gente que me encuentro todos los días por la calle.”

Inma Alagarda (Valencia)

Lo único que puedo decir es GRACIAS… Tengo que dar las gracias a todos.
Gracias, al estar allí, he podido comprobar que hay gente maravillosa que de verdad piensa en la gente como personas humanas con sentimientos y no como simples objetos que podemos mover a nuestro antojo, he podido ver alegría, amor, ternura… en una simple mirada de alguien que casi no conozco. Me llevo de la Villa muy buenos recuerdos y experiencias…ahora valoro más las cosas y veo lo mejor de la vida en los pequeños detalles.

Esther (Madrid)

Dios tiene la capacidad de sorprender a todos y a todas, en todos los lugares, a todas las edades, en todas las circunstancias... Ha sido un encuentro donde me he enriquecido con testimonios de personas que en la vida descubren el rostro de Cristo en la cotidianidad, en la sencillez, en los ancianos, en los niños, en los disminuidos, en los sin techo, en los sin voz...

Me he enriquecido de aquellos que saben salir al encuentro de una necesidad... En Zaragoza nos han acogido  comunidades de hermanas atentas, acogedoras, testimonios de alegría y de entrega. Son personas llamadas por Dios a vivir en sencillez compartiendo lo que son y lo que tienen, celebrando la vida y la fe. Juntas socorriendo a las personas que sufren y junto con los más pobres construyendo Reino de Dios aquí en la tierra. 

 Y yo regreso del encuentro como la samaritana, pidiendo a Jesús que me dé el agua para quitarme la sed y con la necesidad de transmitir a  mis hermanos que ese agua es el agua que quita la sed para siempre.

 Atrevámonos a responder como Pedro que se siente implicado cuando Jesús le pregunta: ¿me amas?  Y Pedro se lanza al agua porque Pedro no espera a más tarde ni a tener ganas, Pedro no calcula y no mira la agenda, no se pregunta si será capaz… Pedro dice Tú ya sabes que te quiero y se baja de la barca.

Yolanda (Barcelona)

La labor del "Centro de día" me recordaba bastante a unos campamentos a los que fui con niños que estaban en  situaciones también difíciles.

Sin embargo, al escucharos hablar de vuestras experiencias en los otros servicios, notaba que la labor era un todo, daba igual dónde estuvieras, porque lo realmente importante era tener siempre la misma disposición de servicio, aunque los requerimientos en cada caso fueran distintos: En unos sitios hacer mucho, en otros menos y en otros comentabais que con estar y escuchar era bastante. Por otra parte, el fin de Semana en "El Pinar" se me hizo corto. Me alegró el hecho de ver que todos eran tratados por las hermanas personalmente, con confianza. En realidad, creo que para vivir allí durante un largo periodo de tiempo debe hacer falta mucha oración para poder estar SIEMPRE dando la alegría que ellos necesitan. “

Meri (Sevilla)

Conoces a jóvenes con las mismas inquietudes y sientes que estás unido en la fe. Es una experiencia muy enriquecedora que todos los jóvenes tendrían que vivir… para valorar más las cosas y dar gracias a Dios de lo que tenemos y lo que somos. Doy gracias a Dios que me haya cambiado la mirada y me haya acercado más a Él y al hermano.”

Gemma (Barcelona)

La maleta que yo traía cargada se fue vaciando para dejar paso a cosas nuevas, para dejar paso a pequeños momentos que fueron los que realmente me hacían feliz y para irse llenando de personas. Entre ellas podría destacar a los transeúntes aunque ya cuando oigo esa palabra no pienso en esa definición de diccionario, de persona que vaga por la calle y no tiene casa o trabajo. Ahora sólo puedo pensar cuando oigo esta palabra en los nombres y las caras de los que allí me encontré.

Quizás otras personas como los ancianos de la residencia o los niños del centro de día que creían que no podían ofrecerte nada y que te agradecían la visita o la atención que les prestabas. No se daban cuenta de que eran ellos los que nos regalaban sus miradas, su cariño, su sonrisa, al igual que los enfermos de El Pinar que me enseñaron el significado de la palabra acogida, y me dejaron sentirme otra vez entre ellos con la inocencia de un niño que baila y canta, me dieron la oportunidad de disfrutar y reír con ellos.

También todos los que han compartido conmigo el campo de servicio, que enriquecían con sus vivencias, con la historia de su vida, su oración o nos aportaban su risa y su alegría.

Fernando Alonso (Madrid)

Creo que esta experiencia me ha ayudado a ser yo misma… me he dado cuenta que la vida es para disfrutarla y compartirla con los demás. Espero que todo lo vivido allí sea tan sólo la semilla de una nueva etapa en la que Dios se haga más presente en mi vida.

María Sandemetrio (Valencia)

El Campo de servicio en Zaragoza con las Hijas de la Caridad, los Misioneros Paúles y los jóvenes de diferentes lugares y movimientos cristianos me ha servido para ahondar en mi fe, para sentirme más cerca de Dios, para conocer mejor la realidad social en la que nos hallamos inmersos y la maduración personal de diferentes interrogantes que me acompañaban al inicio de la experiencia. Ha sido una experiencia increíble…  Me ha encantado la cercanía de las hermanas y su preocupación constante, espero poder poner en práctica todo lo aprendido en estos días cuando llegue a mi Galilea.

Natalia Dudes (Salamanca)

Esta canción que pusimos una y otra vez en la furgoneta, sin lugar a dudas puede resumir  -cambiándole la letra- lo vivido allí:

BENDITA TU LUZ

Bendita la hora que me mandaron a Zaragoza, porque no quería ir y fue un auténtico regalo
Bendito el encuentro entre jóvenes con las mismas inquietudes que yo, que se hacen las mismas preguntas y que buscan las mismas respuestas porque sin ellos nada de lo vivido hubiera sido posible,
Bendita tú que me dijiste no pareces que te vayas a meter a Hija de la Caridad porque estás locaaa y lo maravilloso de la vida es que es una locura que se contagia,
Bendito el pollo a la naranja, ese sabor agridulce que se te queda en el cuerpo y que hace que las lágrimas y las risas salgan desde lo más hondo de tu corazón,
Benditos los lugares que visitábamos porque cada encuentro era un regalo,
Benditas las comunidades que nos recibían porque nos sentíamos como en casa,
Bendita la providencia porque nos atrevimos a descalzarnos...
Benditos los pobres, porque de ellos será el reino de los cielos,
¡¡¡Bendita tu LUZ que siempre nos acompaña!!!

Lucía (Granada)

“…Comprendí que para poder servir al pobre no basta con mostrar buena disposición, ni escucharlo, ni creer que eres tú el que les da, la verdad que equivocado estaba. En estos días aprendí que para poder entregarme de verdad a los pobres tengo que hacerme como ellos, para poder recibir de ellos y darles lo que ellos esperan de uno. Cuanta razón tenía San Vicente al decir que solamente por tu amor por el gran amor los pobres te perdonaran lo que tú hagas por ello. También le doy gracias por el regalo que recibí en los  momentos de la oración y el compartir con los jóvenes que llegaron a realizar los diversos servicios, me fortalecieron la vocación y me animaron a seguir adelante, a darme cuenta que vale la pena darle el Sí al Señor, a pesar de ser como soy el cuenta conmigo y quiere llegar a través de  mi persona a sus predilectos "los pobres".Le doy gracias al Señor por el don de la vocación vicenciana, por invitarme a formar parte de ella, y sobre todo por animarme con el testimonio de tantas Hijas de la Caridad y Misioneros que me animan a seguir dándole ese SÍ a Jesús.

José (Seminarista Paúl)

La visitadora de nuestra provincia vino a la villa acompañada de una misionera italiana que volvía de Eritrea. Personalmente fue un regalo sin precedentes ya que sabiendo yo italiano pude disfrutar de una conversación amena y distendida durante la cena. Me contó su experiencia en África y me transmitió muchísima paz y alegría. Me quedé asombradísima del carisma misionero y me atrajo mucho su valentía.

Los últimos días los quise vivir intensamente. Y la Providencia me lo permitió ya que el servicio al que iría me puso en guardia. Se trataba de acompañar a personas exalcohólicas en su rehabilitación. Fue un poco duro al enterarme. ¿Yo que podría hacer con esas personas, cómo ayudaría? Es increíble cómo el Señor puede fulminar tus miedos y llevarte con paso seguro. Al día siguiente, allí estaba yo, en el centro de rehabilitación, troceando pimientos, poniendo lavadoras, dando de beber a las ovejas…con la mejor compañía que nunca hubiera pensado: personas con un pasado dolorido en sus hombros, pero con una grande esperanza que me hablaba de la compasión infinita de Dios.

Y después de la tormenta llegó la calma. En el santuario de Monlora tuvimos un día dedicado a poner nuestra vida ante Él. Todos nuestros proyectos, nuestros miedos, en fin, todo lo que somos.

Nuria (Valencia)

Me tocaron las casitas, solo 2 personas a las que ayudar, yo pensé ¡que poco! Me tocaba limpiar los baños (mi primer baño ajeno al de mi casa que limpio), barrer la escalera, poner lavadoras, etc. Pero para mi sorpresa, era feliz, con algo tan sencillo como eso, por lo que era doblemente feliz, por verme feliz (¿Qué querrá decir el señor con esto? No paraba de preguntarme)

Como veis todo es perfecto nada de mis planes se cumplen ya empieza a cumplirse la voluntad del señor.

Mª del Mar (Valencia)

          San Vicente de Paúl

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