PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS A LA CONCORDIA 2005
Carta de Mons. Francisco Pérez González
CARTA DE Mons. FRANCISO PÉREZ GONZÁLEZ Carta mensual (Septiembre 2005) LAS HIJAS DE LA CARIDAD,
ALIVIO Y ESPERANZA PARA LA SOCIEDAD Por Mons. Francisco Pérez González -Arzobispo Castrense y Director de OMP en España-
Es un gran motivo para alegrarnos haber recibido la noticia de que las Hijas de la Caridad hayan sido reconocidas con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Me siento muy feliz que la sociedad reconozca la gran labor que hacen, sin ruido y silenciosamente, las más de 24.500 hermanas extendidas por todo el mundo y bien sabemos que su labor está dedicada solamente a los pobres y a los desheredados para crear la concordia entre todos. Ciertamente que ellas no van a recibir el premio con la pretensión de saberse superiores a los demás sino lo han aceptado con la convicción de que son hijas de Dios y de la Iglesia y por amor a ‘sus amos’ que son los pobres.
A punto de iniciar el mes de octubre, mes del Domund y de las misiones, no podemos dejar de agradecer a todos los misioneros su labor esmerada y generosa a fin de que Jesucristo sea reconocido, amado y servido en todos, pero de modo especial en los pobres de la tierra. La Iglesia está adornada de muchos carismas y de muchas instituciones que tienen sólo una finalidad: el amor a los pobres. Las Hijas de la Caridad son un exponente de esta vida. Ellas alivian, curan, dan de comer a los hambrientos de pan y de amor. San Vicente de Paúl junto con Santa Luisa de Marillac fundaron la ‘Sociedad de Vida Apostólica’ de las Hijas de la Caridad para mostrar que la caridad es lo único que puede cambiar al mundo y a las gentes.
Cuando nos acercamos a una Residencia de Ancianos o a un Orfanato o a una Leprosería o a un Centro de enfermos del Sida... allí visualizamos, percibimos y constatamos lo que es la caridad. Su sonrisa está llena de una paz que sólo se puede sostener en la trascendencia amorosa de Dios que se hace presente en las manos y en las acciones concretas de estas sencillas mujeres que se acercan a los desfavorecidos, desvalidos y abandonados. Nos alientan a todos y su alivio se convierte en verdadero camino de esperanza. Tengo muchas experiencias de las Hijas de la Caridad que me han ayudado en mi camino sacerdotal. El sosiego, la acogida, la sencillez y tantas virtudes, con las que sirven y aman a los pobres, nos conmueven. Pero lo más significativo es cuando tratas de aplaudir o valorar lo que realizan, inmediatamente responden: ‘esto lo hacemos por amor a Cristo en los pobres y para gloria de la Iglesia’. Son tan pobres que no se guardan nada para sí y todo lo dan por los pobres que son sus auténticos ‘dueños’.
Me alegra y nos alegramos todos, sin excepción, del detalle que han tenido en reconocer a las Hijas de la Caridad para el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y espero y deseo que este gesto pueda servir para mover muchos corazones de jóvenes que quieran hacer algo grande por los demás. Estoy seguro que muchos se han sentido cuestionados, ahora solo queda decidirse y plantearse seriamente que la vida bien merece gastarla y dedicarla por amor a Cristo en los pobres.