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entrevista con Sor Juana Elizondo
   La revista VIDA RELIGIOSA de este mes de mayo del 2003 publica una interesante entrevista con Sor Juana Elizondo.

   Nos hemos puesto en contacto con su redacción y muy amablemente nos han cedido el texto íntegro que os ofrecemos a continuación.
   Podéis leer la totalidad de la entrevista en esta página. Por la extensión de su contenido la hemos dividido en tres partes, o si quereis podeis bajaros el documento (fichero de word) para imprimirlo en papel.
Para bajarse el documento

(40,5 kb)
ENTREVISTA A SOR JUANA ELIZONDO      (Ángel de la Parte y Antonio Bellella)
   Con 22.736 Hermanas, presentes en 93 países, las 2.403 comunidades de las Hijas de la Caridad, constituyen la Sociedad Apostólica más grande de la Iglesia. En vísperas de su VII Asamblea General, nos hemos puesto al habla con la Superiora General, sor Juana Elizondo. Desde aquí le agradecemos que nos haya regalado su tiempo y su sabia palabra.
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Las Hijas de la Caridad fueron en su día un proyecto valiente que favoreció la integración activa de la mujer en la sociedad y en el apostolado. ¿Cómo continúan hoy su proyecto?
   En cuanto tal proyecto sigue más o menos igual, aunque hoy ese lanzamiento audaz de colocar a las Hermanas en pleno mundo, en medio de los pobres, se ha generalizado a otras muchas congregaciones y, por lo tanto, ha perdido su novedad y ya no resulta tan llamativo. Hoy las audacias consisten más bien, al igual que para las otras Congregaciones, en estar presentes en situaciones de riesgo. En este sentido admiro la valentía de las Hermanas. Desde mi experiencia puedo decir que el mayor sacrificio que se les puede sugerir es invitarlas a retirarse de situaciones de peligro. Lo hemos experimentado en los sucesos de Ruanda, de Argelia, del Congo. Actualmente lo vemos en las hermanas que estan en Belén y en otras partes del mundo. En realidad, es una constante en la historia de la Compañía. La respuesta de las Hermanas, en estos casos, es siempre la misma: ¿cómo vamos a abandonar a los pobres, ahora que es cuando más nos necesitan?
¿Podría indicarnos en qué campos apostólicos considera que es más necesaria hoy la presencia de la mujer consagrada?
   Son tantas las urgencias que vemos en el mundo actual que no resulta fácil hacer una selección. Estos últimos años, las Hijas de la Caridad estamos prestando una atención especial a los que consideramos más abandonados, como son los enfermos de sida, que en algunos continentes se encuentran en situaciones verdaderamente trágicas, la infancia desamparada: es decir, los niños de la calle, los huérfanos de guerra o fruto de catástrofes, los niños desnutridos, los no escolarizados y también los ancianos solos y abandonados, incapaces de subvenir a sus necesidades. Otro campo no suficientemente atendido es el de la mujer necesitada por diversos motivos: en muchos países no son considerados sus derechos como ser humano, no tiene acceso a la más mínima formación y promoción, con frecuencia es maltratada.
   
   La lista podría alargarse con pobrezas antiguas y nuevas, permanentes y esporádicas, como los refugiados, las víctimas de la emigración forzada, etc. Dos servicios me parecen urgentes en esta sociedad enferma de soledad a pesar de la abundancia de medios de comunicación, son la acogida y la escucha. Quizá no podamos resolver muchos de los problemas, pero mediante la buena acogida y la escucha atenta y respetuosa, reconocemos la dignidad de la persona que tenemos delante. Cuánta enfermedad mental y cuántos suicidios se podrían evitar.
Ustedes han sido durante siglos una presencia viva de la Iglesia en las situaciones más difíciles, ¿podría referirse a algún proyecto concreto?
   Procuramos caminar en esa misma dirección. En las Hermanas hay, en general, una gran disponibilidad como respuesta a lo que dicen nuestras Constituciones: “Del Hijo de Dios aprenden las Hijas de la Caridad que no hay miseria alguna que puedan considerar como extraña a ellas… múltiples son las formas de pobreza, múltiples también las formas de servicio…”. Es verdaderamente admirable la respuesta de las Hermanas cuando se lanza una llamada para cualquier situación difícil: catástrofes, refugiados, enfermedades de riesgo, situaciones de peligro... Con frecuencia son ellas las que nos alertan y nos impulsan citando la audacia de los Fundadores.
En las visitas a sus comunidades entra en contacto con muchas Hermanas, ¿qué tres preocupaciones fundamentales constata?
   Las Hermanas, siempre y por carisma, son muy sensibles ante la situación de los pobres cuyos derechos no son respetados, y que carecen de lo más elemental para la vida del ser humano; percibo no sólo inquietud sino hasta cierta angustia de no poder salir al paso de todas sus necesidades con un servicio de calidad que dignifique a la persona. Angustia de ver a los pobres privados de sus derechos y de lo más elemental necesario para la vida. En segundo lugar, también, constato cierta inquietud por mantener el equilibrio necesario entre la vida espiritual que fundamenta y apoya la actividad apostólica, el servicio que con frecuencia resulta excesivamente absorbente y la comunidad fraterna, donde se vive y se muestra el amor mutuo, al mismo tiempo que se rehacen las fuerzas para la misión. Falta tiempo. Lo tercero, sería la lucha constante contra la amenaza de la sociedad de consumo, que contrasta dolorosamente con la pobreza y la miseria de las personas a quienes sirven las Hermanas y cuyas angustias comparten. Las consecuencias negativas de la globalización que marginan cada vez más a los pequeños.
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