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CAMPAMENTO VICENCIANO. Agosto 2005
UNA DE ROMANOS
Campamento Vicenciano. (T. Benagalbón, 3-13 agosto 2005 )

    Ego sum Cayus Aurelius Valerius Dioclecianus, Imperatore Romanurum, ¿Quid avis? Estas y otras palabras, casi siempre en español, nos acompañaron a los 16 monitores y a los 80 niños que participamos en el Campamento Vicenciano de este verano en Benagalbón.

    Del 3 al 13 de agosto nos convertimos en un campamento romano, en concreto, el de la Legio Invicta Benagalbensis. Recibidos por la música de Gladiator, vimos, al fondo en el escenario, un templo romano donde todas las noches se nos aparecía el oráculo y nuestro campamento. También en el escenario, pero en primer término, un pozo, el despacho del cónsul de nuestro campamento y un carro tirado por un caballo que tuvo que sufrir incansablemente los envites del viento que, de vez en cuando, intentaba tirarlo y de paso, desmontarnos el escenario.

    Los monitores nos levantábamos para laudes a las 8:30 y al terminar despertábamos a los niños que dormían como benditos después de que se constituyera la "patrulla antisiesta" para el tiempo libre de después de comer. Después de desayunar y hacer un ratito de oración teníamos el primer taller en el que un día hicimos un estandarte para nuestra centuria, otro día nos hicimos unas pulseras, otro unas camiseta con el emblema de nuestra centuria..., y después el primer juego.

    Por la tarde, después de comer y de defendernos de la referida "patrulla antisiesta" o jugar al fútbol bajo la "supervisión" de Pedro bajábamos a la playa donde era necesario comportarse como una auténtica legión para poder conquistar un sitio suficiente donde situarnos todos. Sor Isa nos traía la merienda (con batido frío incluido) tras la que, y después de un último baño, volvíamos al Campamento en el que nos esperaba un concienzudo manguerazo para quitarnos la arena.

    Otro juego o taller, la cena y la gran velada se interponían entonces entre nosotros y la próxima mañana. Pero merece la pena recordar algunos de los juegos y veladas de la noche: el teatro que representamos la última noche, unos con más suerte y fortuna que otros; las danzas del festival megalesio en honor de la diosa Cibeles; la película Hércules que vimos en una pantalla gigante gracias a un monitor que se pasó toda la cena intentando colgarla (por supuesto, cuando se sentó a cenar se cayó); o el juego del sitio de Alesio en el que teníamos que acercarnos sigilosamente a un faro para intentar conquistarlo.

    Han sido muchos los personajes que nos han visitado y que nos han hecho partícipes de sus hazañas o desdichas. Rómulo para empezar, Cicerón, Trajano, Cibeles, santa Elena,... y un largo etcétera en el que me gustaría destacar a la diosa Minerva que nos contó la historia de la desdichada Medusa. La pobre chica osó desafiar a la diosa a un combate de belleza. Minerva, muy enfada, decidió en su línea habitual (a Aracne la convirtió en otro lance a araña) convertir los cabellos de Medusa en serpientes y transformar su rostro en tal fealdad que cualquier ser la mirara se convertía en piedra, ¡vamos! que mejor no encontrársela por ahí.
Jesús Moreno Roldán

(JMV - Málaga)

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