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PASCUA RURUAL 2006. JMV Granada.

Todo comenzó en Benagalbón 05...

        
                  El año pasado después de varios años viviendo la Pascua en comunidad con otros jóvenes en Torre de Benagalbón, me fui dando cuenta poco a poco de que el proceso de maduración en la fe te va pidiendo nuevos pasos, aunque muchas veces estos pasos rompan con el clima en el que nos envuelve nuestro entorno. No sirve de nada estancarse en un sentimiento de alegría, como un simple proceso renovado año tras año que empieza un miércoles y acaba el domingo siguiente cuando llegas a casa. Por lo que este año me afirmé en el deseo de compartir con otros estos días en los cuales Jesús resucita, sin olvidar en ningún instante que para llegar a ese momento hay que acompañarlo por el camino que emprende hacia la cruz, y morir al hombre viejo con Él.
     El Jueves Santo la comunidad de juventudes donde nos habíamos reunido para celebrar la Pascua envió a doce jóvenes y dos hermanas (también jóvenes) hacia tres pueblos: Los Íberos, Benaque y Benagalbón.
     Tras los primeros sentimientos de frustración porque las puertas de aquellas casas no se abrían y algunas se abrían pero cerraban al instante, llegaron poco a poco casas abiertas, sillas que invitaban a sentarse, preguntas que buscaban respuesta. La frustración se había cambiado por sencillez, humildad, por ver reflejado a Dios en el rostro de cada anciano y de cada niño. Así sin querer y sin darte cuenta te habías convertido en uno más de ellos. Sentir cómo Dios entra en la oración ante el Monumento a través de un niño, Pablo, y te va haciendo preguntas, “¿…y Dios está metido ahí en esa cajita? – ¡Pues si que es mágico!”. Dejarse llevar por los hilos de Dios hacia donde quiera, aunque a veces no lo comprendas muy bien, porque da igual el destino, uno no va a estar solo, mínimo va estar Él, que no es poco (lo es Todo), y si luego te rodean quince jóvenes (una de ellos de 64 años) con los que compartes el pan, convives, oras… todo tiene, por no decir “debe” de salir bien. Gracias a los catorce.
     Y llega el gran momento, en el que no se puede concebir a ningún cristiano triste, momento en el cual Jesús, como dijo una vez José Miguel, se pondría triste al ver que después de todo lo que ha pasado no hemos resucitado. Aunque haya personas que quieran tachar de pesimistas a los cristianos, incluso nos juzguen por aquello que decimos o hacemos, una fuerza superior a nosotros nos hará iluminar. Porque podrán escondernos la Luz, pero no podrán apagarla.

Un abrazo en Cristo Resucitado

Juan Gómez

(J.M.V. Torredelcampo)
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