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PASCUA RURAL 2004. JMV Fuengirola
    Tener la experiencia de Cristo Resucitado en mi vida es algo que, cada año, me colma de alegría y además, "me renueva por dentro".

    Pero no queda ahí la "cosa"..., es algo así como ese "empujón" que necesitaba en mi vida, esa esperanza, ese mantenerme en pie y esa alegría de saber que Cristo está vivo y que me acompaña en mi camino.

    Este año había deseado "ardientemente" celebrar la Pascua en Torre de Benagalbón, como otros años, a pesar de que en la Provincia había una "gran oferta": vivir una Pascua Rural teniendo siempre como referencia lo vivido en Benagalbón.

    No le di mucha importancia cuando las inscripciones llegaron a mi Centro, aún muriéndome de ganas interiormente por saber, por conocer cuál era esa otra realidad, y por qué la gente que lo había experimentado volvía "diferente"...

    Pero, "¡NO!", me dije a mi misma: "no es mi momento, otro año será". Y ahora he de decir: "nuestro tiempo no es el tiempo de Dios".

    Yo pensaba que, ante tal oferta, muchos jóvenes, sobre todo, aquellos que ya hemos vivido MUCHAS Pascuas en Benagalbón, iban a estar muy decididos a evangelizar por los pequeños pueblos de Málaga pero no hubo la respuesta esperada.

    Sólo Alicia y Sor Mª Teresa, como otros años, estuvieron preparando, organizando y creando ese clima interior para poder llegar a todas esas personas desde su experiencia y compartir con ellas la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor.

    Pero, hacía falta gente, un "grupito", que llegara al menos a los niños y adultos de los pueblecitos de la Axarquía de Málaga: Benaque y Los Íberos.

    Fue entonces cuando a "muchos" se nos despertó "el gusanillo" y nos decidimos a tomar esa opción de "salir de nosotros" y entrar en los otros, contagiando nuestra manera de vivir y celebrar estos días desde nuestra fe.

    Así, la tarde del Jueves Santo nos repartimos en dos grupos: Sor Mª Teresa, Laura e Isa, estuvieron en Benaque; y Alicia, Patricia, Leticia y Enrique, en Los Íberos.

    Dicen que los cinco primeros minutos de experimentar algo nuevo marcan mucho a la persona, y yo creo que eso nos ocurrió a todos. La primera impresión fue muy buena, y lo mejor fue que perduró hasta el final.

    Por las mañanas llevábamos a cabo actividades lúdicas con los niños de los pueblos, acordes con los día que vivíamos, como una forma de catequizar.

    Desde el primer momento, nos sentimos muy acogidos por todos y cada uno de ellos. Entrábamos a sus casas y los animábamos a celebrar la Pascua: los Oficios, la Hora Santa, el Vía-Crucis, el Rosario, la Vigilia Pascual...

    Es una experiencia muy gratificante y os animo a que la viváis. Es como el grano de trigo que tiene que salir de su cáscara, tiene que morir a sí mismo para convertirse poco a poco en masa y poder repartirse en pan para todos.

Leticia Calzado Moreno
JMV Fuengirola

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