El camino nos indica que hay que ponerse en marcha,
emprender algo nuevo; supone riesgo, esfuerzo y sacrificio. EL
CAMINO a SANTIAGO de COMPOSTELA es aún más:
es encuentro, oración, contemplación, fraternidad, silencio,
perdón. Es seguir la estrella de nuestra fe y de nuestras raíces
cristianas.
Esta es la experiencia que hemos tenido la gracia de vivir y compartir,
desde el día 29 de Julio al 8 de Agosto,
un grupo de 62 jóvenes de JMV de la Provincia de
Granada y 5 hermanas, con motivo del año santo compostelano
y del encuentro Europeo de la Juventud. Se preveía la participación
de 40.000 peregrinos jóvenes, procedentes de toda Europa,
para encontrarse a los pies del Apóstol. Cada grupo, por
camino diferente, llegaría al mismo destino.
Emprendimos nuestra peregrinación en Ourense, por el camino
portugués (más conocido como La Ruta de la Plata).
Con una representación de todas las diócesis de España,
unos 2.700 jóvenes y alguno de Rusia, con la compañía
de 8 obispos y más de 80 sacerdotes. Todos éramos
testigos de aquel “sueño” que empezaba a hacerse
realidad al amanecer del día 1 de Agosto, con más
de 137 Km. por delante y con tan sólo 5 días que nos
separaran de nuestra meta: ABRAZAR AL APÓSTOL SANTIAGO.
Junto con la bendición del Obispo de Ourense y al grito de
“Orense os despide, Santiago os espera”, comenzaba todo.
Largas jornadas; días intensos de sorpresas, de incertidumbres,
con el temor de no saber si seríamos capaces de terminar;
abiertos a lo que nos envolvía: La Naturaleza, Dios, el silencio,
los peregrinos, la acogida... las primeras dificultades, las tendinitis,
las ampollas. Todo formaba parte de la aventura.
Fueron días llenos de:
¨ AUSTERIDAD. Con lo justo para vivir: Un
saco, una mochila, un palo, un trozo de suelo... y pocas duchas
y servicios para compartir.
¨ FATIGA física, pero con más
vida interior que nunca.
¨ SOLIDARIDAD. Todos compartíamos con
todos (Betadine para las heridas, azúcar para las agujetas,
frutos secos ...)
¨ COMPARTIR, no sólo cosas materiales,
sino también nuestra experiencia de camino, que en definitiva
no es más que nuestra experiencia de Dios y de cómo
valoramos la fe en nuestras vidas.
¨ DESCUBRIR EL VALOR DE LAS COSAS que tenemos
en casa. No teníamos nada y lo teníamos todo.
¨ REFLEXIÓN a nivel personal y de grupo.
¨ CELEBRACIONES. Todos los días, al
atardecer nos reunía la Eucaristía, celebraciones
de fe y de vida; momentos para retomar la experiencia de camino
y reponer fuerzas para continuar.
¨ Sorpresas y de experiencias nuevas: Como la noche que nos
acogieron los monjes cistercienses en OSEIRA. Pusieron a nuestra
disposición los muros centenarios del monasterio y compartimos
su liturgia y cantos gregorianos. Nos embriagaron de una paz interior
y de una fuerza impresionante para emprender, al día siguiente,
nuestra marcha.
En definitiva de ENCUENTRO. Estoy segura que todos
hemos comprendido y hecho nuestra la experiencia de los discípulos
de Emaús al encontrarse con el Maestro y experimentar que
ardía su corazón. Así también nos ocurrió
a nosotros.
Cada JORNADA por un camino distinto. A veces,
dentro de la misma jornada, recorríamos diferentes caminos:
· de tierra, “ muy fácil andar”, el bastón
se agarra a la tierra y tienes buen apoyo
· de piedras, se te hincan en los pies, son molestas y además
el bastón te vale poco
· por asfalto, si está muy caliente te puede quemar
los pies. Es más fácil, pero tienes ese inconveniente
· por carretera: Es fácil andar pero los coches nos
hacia ir de uno en uno.
· por veredas: Son bonitas...te ponen en contacto directo
con la Naturaleza
· por medio de pueblos, donde las gentes abrían sus
puertas y nos ofrecían lo que tenían.
Todo nos habla del CAMINO DE LA VIDA. Hay épocas
de la vida en las que se va por veredas: contemplando y disfrutando
de lo que nos rodea. Otras en las que hay piedras que pinchan, el
apoyo que lleva falla y el camino es árido. Otras, en las
que hay dificultades y tienes que marchar sólo. El camino
de Santiago es “cuestión de desentrañar”
tu vida, tu realidad personal, calibrar bien la brújula de
tu existencia y descubrir hacia dónde orientas tus pasos.
ES una Escuela para la vida, o más bien es un reflejo de
la misma vida
A pesar del cansancio cada día teníamos en nuestra
mente y en nuestro corazón estas palabras: “ULTREIA,
SUSEIA” ¡ADELANTE, ARRIBA!. Conforme avanzaban
los Km. se empezaba a sentir el desfallecimiento. El camino es duro
y piensas que no puedes más y casi tienes tentación
de abandonar y tirar la toalla. Pero de repente, se te acerca alguien
y te tiende su mano. Sin pedirte nada a cambio. Esa persona puede
ser un extraño o de los tuyos. Te pregunta cómo estas,
te dice lo justo en el momento adecuado, te ofrece algo de comer
o de beber, se ofrece incluso, a que te apoyes en sus hombros, te
acompaña. Entonces te sientes débil, qué sólo
no puedes, que necesitas de los demás y mientras caminas
a su lado, lo miras sorprendido y te preguntas ¿quién
lo ha enviado?.¿Porqué apareció en este momento
clave del camino?. Descubres mientras te apoyas en él, que
es Cristo que sale a tu encuentro, que te alienta en el camino de
la vida.
El último día del Camino era intensa la emoción
por llegar. Se hacia realidad nuestro sueño, ese camino que
tanto había supuesto alcanzaba su fin: Llegábamos
a las raíces de nuestra fe cristiana, a la raíz de
nuestra vida. Nos parecía un sueño entrar por la ciudad,
ver a los lejos las torres de la Catedral. Algunos se emocionaban,
otros cantaban, otros rezaban, pero el ambiente nos envolvía
en alegría y emoción difícil de describir.
Al entrar en la plaza del Obradoiro nos encontramos con miles de
jóvenes venidos de toda Europa, con sus banderas, sus cantos...
pero con la misma fe: “Un mismo Dios, un mismo camino y una
MISIÓN: SER TESTIGOS DE CRISTO, PARA UNA EUROPA DE
LA ESPERANZA”
Es una experiencia difícil de compartir con la palabra.
Sería un error decir que hemos hecho el camino porque en
realidad el CAMINO NOS HA HECHO A NOSOTROS”.