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PASCUA RURAL 2009    JMV PROVINCIA DE GIJÓN

PASCUA RURAL JMV GIJÓN

PASCUA RURAL JMV GIJÓN

   Era miércoles santo, cuando salí de Santiago de Compostela dirección Vilariño de Conso, a través de una carretera llena de curvas y estrecha para participar en mi primera Pascua Rural. Al llegar ya me estaban esperando algunos de los participantes, antes de cenar ya estábamos todos juntos: cinco jóvenes de JMV, cuatro hermanas y el sacerdote Nacho.

   Nuestro destino eran pueblos del centro de la provincia de Orense, en las altas montañas, lleno de gente cercana y con la ilusión una vez más de compartir con nosotros algo más que las celebraciones, su vida.

   Comenzamos nuestro camino divididos en dos grupos, el Jueves Santo, celebración del amor fraterno, y con ansias de sentirnos al servicio del otro, saludamos a la gente de Grixoa, Sabuguido, Vilariño de Conso y Castiñeira., dando comienzo a las celebraciones que completarían el Tridúo Pascual. En este día, yo me quedo con la imagen del lavatorio, todos se dejaron lavar las manos al igual que Jesús lavó los pies de sus discípulos. 

   El viernes jornada en la que recordamos la Pasión de Cristo, y que revivimos con el vía crucis de Sabuguido, en la que alguno de nosotros participó activamente en él, haciendo de Jesucristo, este día tuvimos la mala suerte de que lloviera por lo que el vía crucis lo finalizamos dentro de la Iglesia. Al igual que en el día anterior percibimos la cercanía de la gente, su forma de vivir, sus costumbres…

   Nada más despertarnos el sábado ya nos metimos de lleno en la celebración por excelencia, la Vigilia Pascual, dónde el agua nos bendijo una vez más, y la luz guió nuestros pasos en la oscuridad para llevarnos finalmente hacia la vida. La gente se volcó de lleno y en todos los lugares a los que fuimos nos tenían preparada una buena merienda, la cuál compartimos con los vecinos y nos sirvió para acercarnos un poco más.

   El Domingo por la mañana visitamos otros pueblos, entre ellos estaba el más alto de Galicia, y aunque hacía frío este no consiguió enfriar nuestro corazón al igual que la alegría de saber a Jesucristo resucitado y la ilusión de compartir esta noticia con la gente de los pueblos más lejanos.

   Nuestra labor un año más había finalizado, era el momento de volver a las realidades de nuestras vidas, de las despedidas, del compartir nuestra experiencia con los que se quedaron en casa, de recordar los buenos momentos, los detalles, las caras,  los gestos….

   Mi maletero vino a casa cargado de cosas, no sólo mi equipaje, sino dentro de él venía el recuerdo de cada persona que conocí, los buenos momentos pasados con los equipos, lo que he aprendido de todos,  las ganas y la ilusión de seguir trabajando para que esto año tras año se siga realizando.

Uxia Casal
JMV Santiago


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