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PASCUA RURAL 2008     JMV PROVINCIA DE GIJÓN

PASCUA RURAL 2008 JMV GIJÓN

PASCUA RURAL 2008 JMV GIJÓN

CAMINOS DE AMOR, PASIÓN Y VIDA

   Era miércoles Santo por la tarde cuando nos reunimos en Grixoa un grupo de cuatro jóvenes de JMV (Juventudes Marianas Vicencianas) y tres Hijas de la Caridad , con el fin de celebrar una Pascua rural junto con el sacerdote, Nacho, de diecisiete pueblos de la montaña Ourensana.

   Nuestro destino, pueblos llenos magia y gente cálida y esperanzada; nuestra labor, hacer llegar a estos pueblos remotos la celebración del amor, la pasión y la resurrección de Cristo, de la única forma que sabemos hacerlo, codo con codo, mirándonos a los ojos y viviendo con toda intensidad cada momento, cada historia, cada oración.

   Comenzamos nuestro caminar, divididos en dos grupos, el Jueves Santo, uno de los días mas entrañables de nuestro calendario, celebrando un gran día, el día del amor fraterno, y con esas ansias de sentirnos entregados al servicio del otro, saludamos a las gentes de Grixoa, Vilariño de Conso, Sabuguido y Castiñeira, dando comienzo a las celebraciones que completarían el Tríduo Pascual.

   Y amaneció el viernes, jornada de meditación en el que recordamos la pasión de Cristo en las celebraciones, pasión que  revivimos  en Sabuguido con la representación del vía crucis. También en esta ocasión percibimos la cercanía de las gentes, su forma de vivir las celebraciones, su sentir y su acogida.

   El sábado prometía. Y tras una visita a los adultos de nuestra asociación que vivían la pascua en un pueblo cercano, nos metimos de lleno en la celebración por excelencia, la Vigilia Pascual, donde el agua nos bendijo y la luz guió nuestros pasos en la oscuridad para llevarnos finalmente hacia la vida.

   El despertar del domingo nos regaló un hermoso paisaje de montañas blancas, impolutas y gélidas, pero ni  el frío del exterior consiguió enfriar nuestros corazones que latían de alegría celebrando la resurrección del Señor y latían también añorando ya a todos aquellos que nos habían  brindado la oportunidad de compartir, de sentir y de vivir a su lado aquellos tan preciados momentos.

   Nuestra labor había terminado, era el momento de la vuelta a la realidad, de las despedidas, de la vuelta a casa...pero quedaba lo mejor, el saborear cada momento, cada recuerdo, cada detalle, lo enseñado y, sobretodo, lo aprendido.

   Esta vez, nuestras maletas regresaron más llenas de lo que partieron, porque en ellas nos traemos estos pequeños pueblos donde la gente tiene enormes corazones, y no solo eso, sino que también ensanchan los del visitante, es decir, los nuestros.

 

Verónica Cores García
Juventudes Marianas Vicencianas

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