En su estilo, el P. Otero le ha retratado como hombre sencillo,
abierto, acogedor, alegre, con sentido del humor y a la vez responsable,
serio y riguroso en su hacer.
Sor Julia, Visitadora, dio la bienvenida al P.
Juan, en presencia de alrededor de doscientas cincuenta Hermanas,
venidas de toda la Provincia. Leyó las muestras de adhesión
de Sor Evelyne Franc, Madre General, de Sor
Rosa Mª Miró, Consejera General, del P.
Quintano, Director General, de todas las Visitadoras de
las Provincias de España y de los Padres Directores Provinciales.
Sor Visitadora, agradeció, una vez más, al P. Eblerino
su dedicación y su entrega, sin descanso, a la Provincia.
Él ha sabido estar presente y cercano, en los acontecimientos
alegres y tristes. Él ha sabido acudir a todas las llamadas
de cada Hermana, que le ha necesitado. Él ha sido animador:
provincia a provincia, casa a casa, Hermana a Hermana. Ha sabido
mantener la ilusión y el impulso vocacional en el día
a día, que ha durado nueve años.
Después el P. Eblerino, con emoción incontenible,
dio las gracias y dijo irse con gozo, por la acogida que siempre
ha encontrado en las Hermanas de la Provincia. El largo aplauso
le dio un respiro, para que pudiera desahogar sus emociones.
El P. Juan, fue el último en intervenir y lo hizo solamente
para dar las gracias y ponerse incondicionalmente a disposición
de las Hermanas.
Seguidamente se celebró la Eucaristía, con la Iglesia
a rebosar y arropado el P. Velasco por once sacerdotes que con él
concelebraron. En su homilía se refirió a su experiencia
de niño, cuando descubrió a San Vicente en un sencillo
altar de la parroquia de su pueblo en Bienvenida (Badajoz). “Me
caía bien, aquel abuelo con niños. Yo le hablaba y
él me sonreía”. Al poco tiempo llegaron los
misioneros y supo que habían sido fundados por San Vicente
de Paúl. Pronto los siguió hasta Andújar, donde
comenzó su formación.
Y ahora, “aquí estoy para serviros, acompañaros
y acompañarnos mutuamente en la vocación vicenciana.
Jamás pensé ser Director de Hermanas, pero así
lo quieren Dios, los Superiores y San Vicente. Estoy seguro”.
“Hace poco pasé por mi pueblo y le conté todo
esto a la imagen de San Vicente. Le dije que lo de ser Director
me parecía mucho. Le pedí por todas vosotras..., y
San Vicente seguía sonriendo”. “Comienzo con
temor y esperanza. Pido vuestra oración y comprensión.
Os agradezco vuestra acogida: CONTAD CONMIGO”
El canto del Magnnificat resonó al final como himno de acción
de gracias y un ágape fraterno puso fin a esta bella jornada.
Las Hermanas que están haciendo los Ejercicios Espirituales
volvieron a su retiro y las que habían venido de todos los
puntos de la geografía provincial emprendieron el viaje de
regreso con alegría y respondiendo: CUENTA CON NOSOTRAS.