Como cada año, en la semana del Domingo Mundial de las Misiones,
dedicamos parte de nuestro tiempo a valorar lo que en muchos rincones
del mundo realizan los misioneros. Desde el convencimiento de que nosotros
también somos misioneros, en nuestras limitaciones, procuramos
concretar en qué medida podemos serlo más y cómo.
Esa reflexión se realizó desde la ilustración
del DECÁLOGO MISIONERO, para concluir con la celebración
de la palabra en la que realizamos el envio de aquellos que durante
el fin de semana postularán activamente para ayudar a los más
desfavorecidos de cualquier punto de la Tierra.
Este año dicha celebración coincidía felizmente con el día
21 de octubre, fecha en la que la Compañía de las Hijas de la Caridad
de San Vicente de Paúl recibían el reconocimiento del Premio Príncipe
de Asturias de la Concordia por ser precisamente testimonio de la misión
evangelizadora de Jesús de Nazaret, acercándose a los más
necesitados y consagrando su vida y afán diarios a la misión
en los albergues, los hospitales, las escuelas, las casa de acogida...
Felicitándonos por estar cerca de dicho testimonio, felicitándolas
por su perseverancia, casi 400 años, pedimos juntos ser "Pan partido
para el mundo", pues como decía San Vicente: "Siempre se puede
más".
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