LA BOMBA INTERMEDIARIA
No, no penséis mal. En el campo de la física, la bomba adquiere su auténtico significado; se trata de un mecanismo impulsor, dinamizador. Sin ella, no logramos aflorar el agua de un pozo. Sin su ayuda no es posible achicar aguas en unos sótanos inundados. Entendemos que una bomba es eficaz cuando es capaz de subir un buen caudal de agua en un tiempo mínimo. A más potencia, más rendimiento…
Sabemos, también, que en tuberías de largo recorrido, el agua va perdiendo el primer impulso… Por ello, se colocan, con gran sentido de rentabilidad, unas “bombas intermedias, que dinamizan la marcha… en lenguaje casero diríamos que su misión es evitar que el agua “se duerma”.
“Las jornadas de animación vocacional se parecen a unas bombas intermedias que…” (Parábola de las bombas)
No dudamos en reconocer que la invitación que Dios nos hizo un día, tuvo tal fuerza que nos hizo entrar en sus caminos con bravura e ilusión. Nos sedujo el Señor… Y puede que en muchos momentos de nuestra vida hayamos recurrido a las motivaciones primeras para reforzar las segundas, las terceras y… Dios sabe cuantas más. Señal clarísima de que la llamada tuvo visos de bomba de gran potencia.
Hace días, la provincia fue convocada para una jornada de animación vocacional. Confieso que yo… no tenía intención de ir. ¿Disculpas?, ninguna; ¿pereza?, toda la que se quiera… ¿no sería que mi agua se estaba durmiendo? Necesitaba, y la tuve, una bomba intermedia, algo así como una “toma de conciencia”. Por eso, antes de seguir adelante, tengo que mostrar mi gratitud.
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La jornada, preparada con esmero por el equipo provincial, nos ayudó a reflexionar y a expresar sentimientos y convicciones. La ágil dinámica empleada, llegó a entretenernos; por su sencillez, logró dinamizarnos y, por su intencionalidad explícita, terminó siendo plegaria. La “pícara” pregunta: ¿Qué debemos potenciar para vivir con gozo nuestra vocación?, suscitó un reguero de respuestas, que no por sabidas supieron a viejas…
La llamada a la santidad inherente a nuestra condición de consagradas por el bautismo, quedó enriquecida por esa otra llamada del Señor a seguirle de manera más radical como Hijas de la Caridad. Potenciar esta certeza teológica, será, sin duda, fuente de gozo vocacional. Traer cada día a la memoria los motivos que fueron motor de nuestras respuesta primera, será un acicate para releer nuestra vida e ir actualizando o reponiendo todo aquello que pueda vigorizar nuestro don.
La vivencia gozosa de la vocación es un fruto que va madurando con el uso de los infinitos recursos que tenemos al alcance: La plegaria, individual y comunitaria, el compartir buenos y malos momentos en la Comunidad, la alegría y el coraje en el servicio, etc. Todo ello se puede convertir en “bomba mediática” para quitar las posibles modorras vitales.
Pertenecer a la Compañía, y ser conscientes de lo que eso comporta, es un buen punto de apoyo para vivir con ilusión la entrega al Señor. Experimentar que somos “un grupo humano peregrino”, y en una senda donde todo invita a vivir con coherencia, es un motivo sobrado para el gozo.
Se nos sugirió el uso del “intermitente…” Sabemos por experiencia, que poner el intermitente, no es sólo hacer ver a los que vienen detrás que queremos girar hacia una dirección concreta, es algo más. Cuando activamos la palanca ya hemos hecho todo un proceso mental: sabemos a donde ir, utilizamos los medios y avisamos con tiempo. Se me ocurre pensar que el grupo que preparó esta dinámica plástica, justo en la celebración de la Eucaristía, tenía la clara intención de hacer un buen resumen de la jornada: Conducir nuestra vocación con seguridad, escoger la ruta más adecuada y, a ser posible, conducir cantando.
Agradecer, por supuesto, al equipo de animación, su entusiasmo para dinamizar el numeroso grupo de Hermanas. Lograron, creo, y a juzgar por lo visto, oído y compartido, implantarnos un pequeña “bomba intermedia”. Gracias.
Rosa Mendoza, hc
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